Detalle del área I de excavaciones. Poblado de Plaza de Moros

Indice

MATERIALES Y TÉCNICAS DE CONSTRUCCIÓN

PAREDES.
Los sistemas de construcción descubiertos hasta ahora son similares en las áreas excavadas y muy parecidos a los de otros poblados de este tipo y de esta época, excavados en otras zonas de la Península. Hemos visto como se empleaba básicamente la piedra para las obras de mayor envergadura, aunque siempre sin trabajar. Las paredes se construían sin zanja de cimentación. En la parte baja, se disponía una o dos hiladas de piedras de tamaños variables y sobre ella se recrecía el resto del muro con adobes de barro mezclados con paja de trigo y cebada.

Detalle de la estructura de los muros de adobe descubiertos en un sector del área I de excavaciones


Estos adobes tienen varios moldes, los hay de 15x29x8 cm., de 29 x29x8 cm, y de 22x30x 10cm. Se colocan tanto a soga como a tizón, en hiladas simples o dobles lo que determina la anchura de las paredes.Así, las exteriores tienen una anchura de 60 cm, las que separan una habitación de otra, 40 cm y 20 cm los tabiques de las escaleras de acceso a la muralla que se describen en el Area I.Los adobes estuvieron en todos los casos cubiertos con un revoco, a base de tierra y paja, que era preciso renovar cada año.

El incendio que permitido la extraordinaria conservación de las paredes, a veces de hasta de 2 m. de altura, nos deja ver las marcas de los dedos en estos revocos. En ocasiones se mezclaba arena con cal dejando un enlucido exterior blanco.En el Area I las habitaciones tuvieron dos pisos, separados por un entramado pe palos y ramas y un manto de tierra en el que se han marcado las improntas redondas de los postes y las cuerdas. En las paredes de estas segundas alturas los adobes se disponían en espina de pez, como es típico todavía de las casas de los pueblos de Soria y Tierra de Campos. No existen paredes medianeras sino muros adosados, lo que nos permite diferenciar una casa de otra.
Detalle de derrumbe de muros de adobe en el área I del Yacimiento

TECHOS
Rara vez se ha podido documentar en un yacimiento de esta época la cubierta de las casas. De nuevo gracias al incendio que arrasó el poblado, se ha conservado en parte en Plaza de Moros una cubierta vegetal, que los análisis antracológicos y arqueobotánicos han confirmado compuesta de cañas y carrizo. Estos materiales se encontraban en abundancia en los arroyos vecinos. Todavía es posible hallar en la zona chozos y cabañas con este tipo de cubiertas.
Unos postes de encina o roble sujetaban las techumbres. Estos pies derechos no se descortezaban y se elegían árboles de 20 a 25 cm. de diámetro. A veces se cortaban por la mitad en secciones semicirculares, para lo cual debieron poseer unas herramientas de hierro de muy buena calidad, ya que estas maderas son extremadamente duras.

Reconstrucción del proceso de fabricación de los techos del poblado de Plaza de Moros. Dibujo de Enrique Navarro

Además de las maderas carbonizadas, quedan en el suelo los agujeros donde se clavaban los postes. Por ellos sabemos que las cubiertas tenían casi 1 m. de vuelo o alero. Para evitar que el viento las levantase, utilizaban grandes pesas de barro que colgaban a ambos lados de las paredes unidas por cuerdas que se cruzaban en la techumbre. Estas cuerdas o las que enrollaban sobre los palos que servían de dinteles de puertas y ventanas para que el barro agarre mejor, se fabricaban con esparto y con cáñamo, que por entonces debió abundar en los humedales de los arroyos.

LOS SUELOS Y LOS HOGARES

Sobre ellos se disponían otros palos más pequeños y sobre éstos ramas de encina y quejigo cuyos restos carbonizados han llegado hasta nosotros. Sobre estas ramas se colocaban las cañas y sobre ellas el carrizo, bien trenzado, formando escalones descendentes, como en los tejados de paja.

Pesa de tejado recuperada en el transcurso de las excavaciones

El suelo natural del cerro de Plaza de Moros está formado por lajas de caliza o una costra de arenisca. Directamente sobre ellas se colocaba un manto de tierra apisonada, probablemente cribada y mojada, como se ha podido documentar en el área II de excavaciones. En cada una de las habitaciones se distinguen varios de estos mantos de arcilla. Todavía quedan numerosos ejemplos en la cultura popular de celebraciones relacionadas con bodas o el nacimiento de un hijo, en las que se aprovecha para echar un nuevo suelo a la casa. Por lo general están nivelados aunque sus conceptos de las líneas rectas no son como los nuestros y así encontramos desniveles de hasta 20 cm. en el mismo cuarto, o paredes mal escuadradas.
Sobre los suelos se depositan los restos de la vida cotidiana, formados por capas grises de acúmulos orgánicos. Sin embargo, en Plaza de Moros apenas existen. Tampoco abundan los restos de huesos procedentes de animales cocinados, lo que nos hace pensar en la existencia de basureros localizados en las afueras del poblado, y un barrido habitual de los suelos de las casas.

Se han localizado hogares en varias habitaciones. A veces no queda de ellos más que una mancha circular de arcilla enrojecida por el fuego en el centro. En otras se conservan los rebordes de estructuras ovaladas en las esquinas, o rectangulares en el centro de las estancias. Junto a ellos, en ocasiones se disponían unos palos que han dejado un hoyo de 10 cm. de diámetro en el suelo, sobre los que se dispondrían los lares.

Es común hallar huecos circulares revocados con cal o improntas calizas sobre los que se colocaban las grandes tinajas de almacenamiento, bien de grano o de agua ya que la cal es un excelente aislante. En la Hab. 1 del Area II, documentamos una reforma que consistió en cambiar el hogar del centro a la esquina de la habitación, cerrar el hueco de una puerta central y abrir otro en la esquina y tapar uno de los agujeros para soporte de tinajas.

Plaza de Moros. Vista parcial del área I de excavaciones
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