Vista parcial del área I de excavaciones. Poblado de Plaza de Moros

Indice

LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS (I)

En 1998 comenzaron las excavaciones en el poblado de Plaza de Moros, recinto amurallado de la Segunda Edad del Hierro cuya cronología, de acuerdo a las primeras muestras de C14, va de fines del siglo V o principios del IV, al siglo II a.C. Este tipo de yacimiento es frecuente en la región, aprovechando los escarpes del valle del arroyo Cedrón o Melgar o los taludes de los yesos que se asoman al la vega del río Tajo, si bien Plaza de Moros es uno de los ejemplos en donde asentamiento y paisaje se han conservado mejor.
Las campañas de excavación
se realizan en los meses de verano y en ellas participan estudiantes o licenciados que desean aprender o perfeccionar sus conocimientos sobre la arqueología de campo. A lo largo de este tiempo, se han abierto dos áreas, una junto a la muralla principal, a la entrada del cerro y otra en el flanco occidental. En ambos sectores se han descubierto los restos de casas y habitaciones.

EL POBLADO. DEFENSAS

Así pues hacia comienzos del siglo IV a.C. unas gentes conocidas más tarde en los escritos de púnicos y romanos como carpetanos, construyeron un poblado en el cerro de Plaza de Moros, aprovechando las ventajas defensivas del lugar, situado sobre una península de aproximadamente 1 Ha. de extensión. Primero excavaron dos fosos en el istmo que aísla el espolón y con las piedras sacadas de ellos construyeron una muralla en esa parte, de casi 6 m. de anchura, al menos 5 m. de alto y casi 30 m. de largo, cerrando toda la extensión del istmo.
Estructura defensiva del poblado de Plaza de Moros. Area I de Excavaciones
Sin embargo las técnicas de albañilería eran rudimentarias, pues apenas trabajaban los grandes bloques de caliza o arenisca que disponían en los extremos del muro, rellenando el interior con tierra, pequeñas piedras y cascotes de todo tipo. Esta mampostería se trababa con una mezcla de cal y arena del lugar. Uno de los fosos se dispone a los pies de la muralla, con 4 m. de ancho. El otro lo hace a 30 m. de ella y es aún más vasto, para dificultar el acercamiento de posibles invasores a caballo. Entre ambos, además debió existir un pequeño parapeto de piedras. La puerta de entrada debió estar en la parte norte de esta Barrera, pero fue destruida para facilitar el acceso de los tractores para cultivar el cerro.
Vista parcial de fosos y estructura de muralla en el poblado de Plaza de Moros

También se dispuso un nuevo muro de piedras de 1 m. de ancho, a veces usando grandes bloques pseudo-rectangulares u ovalados, que cerraban todo el recinto del cerro. Esta muralla lateral, que se utilizaba como pared trasera de las casas, hacía del cerro, con escarpes casi verticales de más de 25 m. de altura sobre el cauce de los arroyos, un lugar inexpugnable para las poblaciones vecinas, porque la guerra y el pillaje eran una parte cotidiana de sus formas de vida. Sin embargo, las defensas no eran suficientes para las legiones romanas o los ejércitos cartagineses y de hecho, un gran incendio consumió el poblado entre el siglo III y II a.C. y ya nunca más se volvería a habitar.

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